martes, 11 de enero de 2005
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Rodeada por toda serie de rumores, críticas y comentarios escandalosos o escandalizados; llegó a España Nine Songs, la última película de Michael Winterbottom. El alboroto se debía a la inclusión en el filme de escenas de sexo real. Sin embargo, a la hora de la verdad nos encontramos sencillamente ante una historia de amor y de sexo. Ni más, ni menos.


SEX´N´ROLL

Matt (Kieran O´Brien) es un joven británico que se encuentra en la Antártida, realizando diversos estudios. Allí, en la más completa soledad, recuerda su finiquitada relación amorosa con Lisa (Margot Stilley), una joven estudiante estadounidense. Una relación basada fundamentalmente en (¿lo adivinas?) el sexo, las drogas y el rock´n´roll. Éste es el argumento de 9 Songs, la última y polémica película de Michael Winterbottom. La estructura del film consiste en la representación de imagenes panorámicas de la Antártida (espacio que alberga la memoria del planeta), alternadas con los recuerdos del protagonista: escenas de sexo e imágenes de conciertos de grupos como The Von Bonbies, Primar Scream, Super Furry Animals o Black Rebel Motorcycle Club (canciones completas), rodadas en directo.

La polémica se debe al hecho de que, al igual que otros films distribuidos en el circuito comercial como la mediocre Fóllame ("Baise Moi", Virginie Despentes & Coralie, 2000), o la imprescindible El imperio de los sentidos ("Ai no corrida", Nagisa Oshima, 1976); muestra imágenes de sexo real. Pretender, a estas alturas, transgredir por medio del sexo en el cine es, cuanto menos, curioso; teniendo en cuenta, entre otras cosas, la plena asimilación de la pornografía como mercado (del sexo) en el ámbito doméstico. ¿Alguien puede escandalizarse hoy en día ante el visionado de una cópula en pantalla? ¿No es ciertamente ingenuo el intento de provocación por medio de la representación explícita del sexo?

Al film de Winterbottom le han llovido las críticas negativas en ambos sentidos. Llegó a Europa con halo de film marrano, soez, desagradable. Obviamente, en EEUU, donde hasta una chorrada como El color de la noche ("Colour of Night", Richard Rush, 1994) fue sometida a los tijeretazos de la censura, hubo voces escandalizadas contra 9 songs. En la curada de espanto Europa, al contrario, un sector de la crítica ha visto en el último Winterbottom "erotismo de celofán" (ver la crítica de J.E. Monterde en Dirigido nº338), un catálogo de posturas de lo más anodino (al fin y al cabo, no hay más que magreteos varios, dos cunnilingus, uno de ellos explícito y real; una felación real y coitos que no por más o menos reales son más imaginativos), y, en definitiva, un pastiche pretencioso y fallidamente provocador de un director que va de enfant terrible.

Ni lo uno ni lo otro. 9 songs es, en mi opinión, un honesto, sincero relato de amor. Concebido de la manera más austera posible, con un presupuesto diminuto, un equipo muy reducido (se impone la cámara digital), un guión en su mayor parte improvisado y una complicidad extrema de los dos intérpretes; el director logra recrear la natural y sensual rutina de una pareja para la que el sexo es el motor de la vida. Y que nadie se lleve a engaño: la mediocre calidad de imagen de la grabación digital no impide que se vean planos realmente asombrosos.

Tanto para Matt como para Lisa el sexo es el eje fundamental de la relación. Y así transcurre la película: mostrándonos cómo el sexo va adquiriendo nuevos matices, cómo hace que a menudo se enfrenten o se reencuentren; y cuáles son las consecuencias sexuales de las disputas entre los amantes (tremenda la imagen de Lisa masturbándose ante Matt). No parece haber vida más allá de la cama, salvo cuando abandonan la casa para acudir a los conciertos de rock, su otra gran pasión.

En cuanto a las imágenes de los conciertos, grabadas en directo con un equipo de tres cámaras digitales, son canciones que van haciendo alusión a la evolución de la relación entre la pareja; creándose con todo el conjunton vínculo entre las tres partes del film (la Antártida, las canciones y la relación de pareja).

Para terminar, se le ha reprochado a 9 Songs no ser El imperio de los sentidos. Qué terrible cruz para todas aquellas películas que quieran explorar las infinitas dimensiones que se le quiera dar al sexo en el cine y en la vida, sería que tuvieran que medirse por el baremo de una película magistral como aquélla. Digamos simplemente que 9 Songs es una estupenda película de sexo y amor, una historia intimista de entrega absoluta.
Publicado por KruzzVerdde @ 20:18
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